Que nuestro reinado, señor,
dure mil generaciones,
ocho mil generaciones
hasta que los guijarros
se hagan rocas
y de ellas brote el musgo.
dure mil generaciones,
ocho mil generaciones
hasta que los guijarros
se hagan rocas
y de ellas brote el musgo.
Japón.
El maravilloso país de "el origen del Sol".
Nihon.
Ese embriagador lugar en el que se combina mejor que en ningún lugar tradición y modernidad, espiritualidad y tecnología, arte con industrialización...
Este año, gracias a la asignatura de Arte Japonés, impartida en la Universidad de Zaragoza por Elena Barlés y David Almazán, me he acercado a una cultura que siempre me había llamado la atención, pero que definitivamente, me ha conquistado.
Acaba de terminar la VIII Cultural Japonesa, (al menos la parte de conferencias. La próxima semana(?) colgaré la crónica-resumen) y debo decir que estoy profundamente emocionada. Poder oír de bocas expertas cientos de relatos referidos a viajeros que vinieron de o fueron a Japón (la temática de este año era "el viaje como punto de encuentro"), en los cuales se dejan entrever las maravillas de este ancestral y todavía hoy misterioso y encantador pueblo del Extremo Oriente.
Hoy llegaba a casa pensando en las palabras emocionadas de profesores de mi universidad al referirse a la personalidad de Federico Torralba, que implantó los estudios de Arte Extremo Oriental en la Universidad de Zaragoza, siendo esta de gran importancia dentro de estos estudios referidos al extremo oriente en la universidad española, y lugar de referencia para los mismos.
Hablaban de su carisma, de su sabiduría, con la boca llena de palabras de agradecimiento, de cariño... por su dedicación, su esfuerzo, su saber estar y su buen hacer. No lo pongo en duda. Se le veía un hombre humilde y con sentido del humor pese a su avanzada edad.
Pero andaba yo pensando que, dentro de unos años, esas palabras deberían ir dirigidas a mi profesora, Elena Barlés.
Porque la "conozco" desde hace unos meses, pero gracias a ella (y el parte a David, pero con él he tenido menos clases) estoy descubriendo una cultura magnífica. Ya no sólo es la cantidad de cosas que nos enseña, su profundo conocimiento sobre Japón, si no el entusiasmo con que lo lleva a cabo. Es una delicia oírla hablar del país, de su arte, de sus costumbres. Hasta una nimia actividad como comer arroz en un cuenco de cerámica, puede resultar una descripción casi mágica. Ciertamente es una personalidad a tener en cuenta como ejemplo en la vida. Uno de esos profesores que recordaré siempre; una persona que sabe conectar con sus alumnos, transmitirles el amor y la pasión por la materia que imparte. Una auténtica "sensei" del Arte Japonés.
Y Japón, ¡qué decir! Hay tanto que aprender, que descubrir...



Anhelo viajar allí, recorrer Ise, La Villa Katsura, los maravillosos jardines...

Comer en un auténtico tatami, visitar el jardín seco Ryoan-ji, subir al Fuji para ver amanecer a través de las nubes y comprobar por qué los nipones creían que realmente su país era el del sol naciente...
Ver in situ sus maravillosas obras de arte, que conceden importancia también a lo más pequeño...

Pero de momento debo centrarme en aprobar la segunda parte de la asignatura.

Aunque sé que no me va a costar ningún esfuerzo estudiarme su temario, pues es un apasionante viaje que de momento, sólo puedo hacer a través del papel...

El maravilloso país de "el origen del Sol".

Nihon.
Ese embriagador lugar en el que se combina mejor que en ningún lugar tradición y modernidad, espiritualidad y tecnología, arte con industrialización...
Este año, gracias a la asignatura de Arte Japonés, impartida en la Universidad de Zaragoza por Elena Barlés y David Almazán, me he acercado a una cultura que siempre me había llamado la atención, pero que definitivamente, me ha conquistado.

Hoy llegaba a casa pensando en las palabras emocionadas de profesores de mi universidad al referirse a la personalidad de Federico Torralba, que implantó los estudios de Arte Extremo Oriental en la Universidad de Zaragoza, siendo esta de gran importancia dentro de estos estudios referidos al extremo oriente en la universidad española, y lugar de referencia para los mismos.
Hablaban de su carisma, de su sabiduría, con la boca llena de palabras de agradecimiento, de cariño... por su dedicación, su esfuerzo, su saber estar y su buen hacer. No lo pongo en duda. Se le veía un hombre humilde y con sentido del humor pese a su avanzada edad.
Pero andaba yo pensando que, dentro de unos años, esas palabras deberían ir dirigidas a mi profesora, Elena Barlés.
Porque la "conozco" desde hace unos meses, pero gracias a ella (y el parte a David, pero con él he tenido menos clases) estoy descubriendo una cultura magnífica. Ya no sólo es la cantidad de cosas que nos enseña, su profundo conocimiento sobre Japón, si no el entusiasmo con que lo lleva a cabo. Es una delicia oírla hablar del país, de su arte, de sus costumbres. Hasta una nimia actividad como comer arroz en un cuenco de cerámica, puede resultar una descripción casi mágica. Ciertamente es una personalidad a tener en cuenta como ejemplo en la vida. Uno de esos profesores que recordaré siempre; una persona que sabe conectar con sus alumnos, transmitirles el amor y la pasión por la materia que imparte. Una auténtica "sensei" del Arte Japonés.
Y Japón, ¡qué decir! Hay tanto que aprender, que descubrir...



Anhelo viajar allí, recorrer Ise, La Villa Katsura, los maravillosos jardines...

Comer en un auténtico tatami, visitar el jardín seco Ryoan-ji, subir al Fuji para ver amanecer a través de las nubes y comprobar por qué los nipones creían que realmente su país era el del sol naciente...


Pero de momento debo centrarme en aprobar la segunda parte de la asignatura.

Aunque sé que no me va a costar ningún esfuerzo estudiarme su temario, pues es un apasionante viaje que de momento, sólo puedo hacer a través del papel...
