Como el descanso inmediato que te llega al dejar de oír el zumbido que produce la caldera de la calefacción calentando el agua.
A veces llega el momento en que... pones todas tus fuerzas en ser feliz, y si te empeñas lo suficiente, (piensas que el orgullo es prescindible, que los problemas tienen solución aunque no lo parezca, que ser uno mismo es más importante que fingir ser algo que crees mejor...) hasta incluso puedes llegar a serlo en un tiempo relativamente corto. O al menos, algo más feliz.
A mi me ha pasado. Y aún con riesgo de parecer una esquizofrénica por mis cambios de humor radicales de los últimos días, he de decir en mi defensa que las hormonas a veces juegan una mala pasada, y más si se tienen tantas preocupaciones en la cabeza. Una de ellas, y quizá la que más me duele por afectar no sólo a mi persona, si no a otras a las que quiero mucho, ya han comenzado a arreglarse, y diré sin tapujos que ha sido gracias a mi recién descubierta valentía, y a algunos buenos consejos de otras gentes que también quiero mucho...(Gracias!)
Así que ya sabéis, no os dejéis apocopar por lo malo. Si os acechan las nubes negras y necesitáis desahogaros, hacedlo, "no todas las lágrimas son malas"...
Pero una vez os hayáis sonado los mocos, tomad las riendas de vuestra vida, y dirigidla hacia el lugar al que queréis llegar. Habrá más baches, por supuesto, pero no perdáis el tesón.
No os preocupéis, siempre hay una solución para los problemas; y si un problema no tiene solución, ¿por qué preocuparse?